Todos flotan

 

El día de ayer, tuve la oportunidad de leer una obra literaria, enmarcada en el género de microcuento, que despertó en mí sentimientos y pensamientos muy profundos. Razón por la cual, he decidido distraerme de mi clase de física estadística, para poder hablar de ella.

La transcribo aquí, para analizarla, punto a punto.

 Había una vez: un globo, rojo como la sangre, que se reventó… Fin.

 Sin más presentación, comencemos:

 [Sin título]

Lo primero que llama la atención, es la ausencia de título, como si esa carencia de identidad fuera trascendental en el contenido de la historia. De hecho, hace pensar en una búsqueda interior, más allá de lo que pueda verse en la superficie. Para qué necesita un nombre, si ya es.

[Había una vez]

Un inicio inocente, infantil. Que evoca, precisamente, a la niñez, lo que hace que el público adulto suelte una cuerda y se deje caer, a través de sus recuerdos.

[un globo]

Claramente influenciado por Stephen King y su obra “It”, el usar un globo como protagonista de la historia es crucial. La referencia intrínseca a que “Todos flotan”, implica que la historia está desafíando a las leyes físicas del mundo terrenal y nos lleva a explorar dimensiones desconocidas.

[rojo como la sangre]

Sin duda, el hecho de remarcar que el globo no es de un rojo cualquiera. Lleva a evocar la adolescencia del autor, que tuvo una influencia nazi (o nazista, como él decidió bautizarla). El rojo, que en la svástica representa grandeza, al final, llevó a la Alemania de Hitler, a pagar con sangre, su apogeo.

[se reventó]

Esta frase es, en particular, muy interesante, debido a que el globo “se reventó”, no “lo reventaron”. Como si, desde el principio, su estado latente de fragilidad, lo hubiera llevado a la autodestrucción, por su naturaleza plástica.

[…]

Esta pausa dramática nos da esperanza, pero a su vez, nos asusta, porque no sabemos lo que pasará después.

[Fin]

Nada… es lo que nos dice el autor: Después de la vida del globo, no hay nada.

Para terminar, prevengo al lector, pues también cabe la posibilidad de que el autor estuviera aburrido y, en realidad, no quería decir nada.

Dedicado a mi novio, a quien tenía ganas de hacer reír-

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Silencio.

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Mesa para dos haditas.

Algo pasa aquí, sí… justo aquí, en esta casa. Casa, no hogar. Uno no puede permanecer mucho tiempo en este sitio, sin que lo invada la tristeza.

Hay un Silencio, permanente, que no puede evitarse (ni viendo tv, ni escuchando música, ni siquiera con un pequeño intercambio de palabras).

Por un corto período ese Silencio no existió, en el tiempo que me salvaste, hermanita. Porque estuviste conmigo. Comíamos y reíamos juntas, antes de dormir. A veces… aunque trataba de no despertarte en la mañana, lo hacía. Y podías desearme los buenos días. En ese tiempo, especialmente los fines de semana, parecía que no existía el Silencio.

Me olvido del Silencio, cuando una llamada por skype (o celular) o un mensaje en facebook, forman un puente con el exterior; con el amor, con la familia y los amigos. Ello me anima, me ayuda, me hace feliz.

Sí, tengo muchas comodidades y mi espacio propio. Nada, ni nadie, me molesta. A veces, disfruto de esa soledad, pero hay días… como hoy, en que el Silencio se hace patente, que marca su presencia con gestos, saludos y miradas vacías. Ese Silencio que me hace temblar y provoca que me cueste respirar. Las lágrimas deben escurrirse participando de él.

“Si me salvas del miedo en el que vivo ahora…”

Miro el reloj, debo limpiar las lágrimas, componer una sonrisa y aclararme la garganta. Aquí, como siempre, no pasa nada.

Tarde de chicas

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Lago de Chapultepec, una tarde de enero.

Decido que disfrutaré de la ciudad, pero para ello necesito silenciarla. Así que escucho música de camino al centro. Cuando salgo del metro, suena Across the Universe (The Beatles).

Sounds of laughter shades of earth
are ringing through my open views
inciting and inviting me
Limitless undying love which
shines around me like a million suns
It calls me on and on across the universe

Me encuentro con la amiga con la que compartiré este día. Es un día nublado, frío y sin viento. Perfecto para caminar. Así que hacemos eso… caminamos.

La plática es sombría y risueña, a la vez, porque pasamos de un tema a otro con esa fluidez que uno adquiere al sentirte en confianza con una amiga.

Llegamos a un café, con vista a un lago. Tomamos chocolate en la terraza y vemos caer las hojas de los árboles. Caen como nuestras lágrimas, al compartir más que una charla, un sentimiento.

Como aún hay tiempo, caminamos de nuevo, vamos a una librería. Hablamos de ellos, de nosotras, del mundo que existe y el que no existe. Hablamos de amigos, de amor, de sueños y desilusiones.

Finalmente, regresamos al lugar desde el cual partimos. Desahogadas y sonriendo. Nos despedimos con un abrazo y con la promesa de volver a vernos.

Experiencia como editora

 

He estado corrigiendo textos del blog El tiempo en la piel. El blog es de un amigo mío y, francamente, siempre que me preguntaba la opinión sobre sus textos le decía: lo que escribes está lleno de pasión, muestra una necesidad por comunicar algo. A veces no los entiendo, pero los siento. Solo que… debes corregir la ortografía.

Ahora, que tiene una nueva meta, utilizando los textos del blog, me pidió que le ayudara con corrección ortográfica y de estilo. Algo que estuve haciendo en la última semana.

Me gusta que mis amigos me pidan opinión sobre las cosas que escriben, porque hace que mejore mi nivel crítico, no sólo para sus escritos, sino también para los míos. Veo sus fallas y analizo las mías.

Así que armada con diccionario y manuales de la RAE, terminé el trabajo y se siente bien.

¿Cómo es que estudiando física terminé haciendo de editora? La respuesta es: me dejé seducir por los números pero, la verdad, siempre he amado las letras.

Vértigo

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Después de una tarde de lluvia. Tlaxcala, Tlaxcala. Por Jonathan Hernández

Hoy desperté y me invadió una sensación que… no sé explicar muy bien. Era una mezcla de tristeza, de miedo, de añoranza. Pero mi mente no alcanzaba a discernir por qué estaba ahí, instalada en mi pecho, formando un vacío que hacía que costara respirar. Que me congestionaba y formaba un nudo en mi garganta. Pero no había lágrimas, tal vez las agoté todas ayer… Me abracé con fuerza a la almohada, pero no era suficiente, necesitaba un abrazo de verdad, un abrazo de alguien. Algo que me hiciera sentir que no iba a disolverme en moléculas… la misma sensación que Jesse, en Before Sunset.

Entonces llegó un mensaje a mi celular. Y todo empezó a ir mejor. El vértigo, el miedo, la tristeza, se fueron disolviendo. Se olvidaron entre risas, entre amor, entre esperanza.

Así que espero que pronto encuentren divagues más divertidos y risueños. Normalmente soy así, es que ha sido un período de crisis familiares… Pero las cosas marcharán mejor, me aseguraré de ello.

Lágrimas

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Un día nublado. San Simón Tlatlahuquitepec, Tlaxcala.

Son las 11:39pm ¿qué ganas de poner la hora? ¿verdad? Pero me ayuda a situarme en el presente, aunque al ir escribiendo… ésto vaya convirtiéndose en pasado. Escribo porque estoy llorando ¿por qué? Creo que por nada en particular. Últimamente me pasa eso. Soy sensible a todo lo que pasa a mi alrededor y a lo que ocurre con las personas que me importan: mi familia, mis amigos, mi novio.

Lo que provoca las lágrimas, no tiene que ser necesariamente triste. Puede ser bello, puede ser bueno.

¿Por qué cosas he llorado esta semana?

Porque un ex-profesor de secundaria dio apoyo moral y económico a mi familia.

Porque estuve paseando, una tarde, en un pequeño pueblo. Acompañada por mi mami y por la Luna.

Porque vi a mi mami emocionarse y sonreír, al recibir una llamada. Y porque la vi gastar las únicas monedas que llevaba aquél día, en algo para mis hermanos y para mí.

Porque escribí una carta a los Reyes Magos, pidiendo paciencia para los que me rodean, mucho amor para hacer las cosas, que la luz supere a las sombras.

Porque, pese a todo, mis hermanos sonríen.

Porque nació mi sobrino, sano y bonito.

Porque estoy escribiendo una historia, ocurre en una biblioteca, y lloro mientras imagino lo que va a pasar. Porque mis personajes me orillan a eso.

Porque, a veces, aunque esté rodeada de gente me siento sola. Tengo la teoría de que o soy una persona incomprendida (como muchas en el planeta) o… no soy de este planeta.

Porque mis primos, mi abuelita, mi mami y hermanos salieron a despedirme, cuando venía hacia el DF.

Porque en el último momento, antes de subir al autobús le dije a mi papá: Te quiero.

Porque dejé Tlaxcala, que me despidió con nostalgia, una tarde fría y con cielo nublado.

Porque recuerdo mi infancia: lo feliz y lo triste.

Porque recuerdo mi adolescencia: lo feliz y lo triste.

Y, por último, y va solo para ti, amor, así que acércate, porque te lo diré al oído… Lloro porque pienso en el futuro y me da miedo e ilusión. Miedo por el mundo en que vivimos. Ilusión, por el mundo que tú y yo vamos construyendo.

Así que cuando lloro, lo agradezco, porque soy la suma de todo, lo bueno y lo malo, si es que en verdad hay mucha diferencia.

Madrugada

El reloj de mi computadora marca la 1:18 am de un sábado, mi única compañía, a esta hora, es la Luna, que será mi confidente este día, en el que decidí retomar este blog y, además, ya no sólo publicar reseñas y comentarios sobre libros que he leído, ahora quiero hablar también de películas, de aventuras con los amigos, quiero también divulgar ciencia, escribir historias. Hacer esto… divagar un poco.